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Editorial – Agosto 2018

Estimados socios: una vez más llegamos a ustedes por esta medio, más concretamente la  tercera oportunidad en este último semestre y sólo este hecho es motivo de alegría y satisfacción colectiva.

Los agostos tienen sabor a niño y vienen con la certeza que por ahí nomas se viene asomando de a palmos la primavera.

Un domingo dedicado a lo mejor que puede tener una sociedad que son sus jóvenes y en este particular caso los niños no es poco, eso es algo que nadie podría discutirlo pero sin embargo, para la cruda cotidianidad homenajear a nuestros hijos es mucho más de lo que se puede suponer por más obvio de lo que parezca.

No hay sociedad que se precie de considerarse justa si los últimos recordados son sus niños o para decirlo de otra forma, no hay sociedad que pueda considerarse humana si los olvidados, si sus marginados son sus niños.

La realidad nos indica que aún en el tiempo en que vivimos las reglas siguen siendo abusivas, irracionales e indecentes y que basta abrir una computadora para conectarse y ver lo obsceno de cómo el poder del capital especulativo crea no sólo inmensos abusos con los más débiles sino que nos embulle de tal modo que nos convierte en una especie de pasivos victimarios.

La mayoría de nosotros nos rebelamos contra el oprobioso sistema hegemónico que pone frente a nuestras caras a una de las mayores crueldades, el hecho de que se formen ejércitos de niños reclutados para la guerra en defensa de la extracción de un mineral llamado coltán, algo desconocido hasta hace unos pocos años y que paradójicamente sirve para poner en funcionamiento gran parte de todos los sistemas tecnológicos de la nueva era de la comunicación.

Ellos, estos niños de referencia, viven a muchos miles de kilómetros de nuestras casas, no se trata de uno de nuestros hijos, ellos son los niños explotados de la cuarta revolución industrial que a diferencia de la primera donde también se seleccionaba niños en la explotación de las minas de carbón por su pequeño tamaño del cuerpo y por el tamaño de sus manos se volvían perversas piezas útiles del explotador.

Debieron venir revoluciones, luchas, derrotas, avances y retrocesos y sin embargo los niños de las pequeñas manos de Inglaterra son hoy los niños del Congo o de algún lugar más o menos alejado y desconocido de nuestras casas.

Usted dirá a que viene todo esto y es razonable preguntárselo, de nuestra parte la respuesta puede ser relativamente sencilla: es que nos duele el mundo, nos duele que un niño sufra, se lo explote, se lo mande a la guerra o muera de sed o hambre. Y por eso aún sabiendo de lo imperfecto de nuestra sociedad, de esta, de la uruguaya, nos sentimos orgullosos de que todos de una u otra manera, con más o menos recursos cada día construimos y propugnamos una idea de que en la economía social lo primero es lo esencialmente humano, aquello sin lucro, sin plusvalor, y que para eso es condición necesaria pensar en los pequeños, en los niños y su inocencia, en los que están y en los que están por venir.

CONSEJO DIRECTIVO DE COOPERATIVA BANCARIA 

AGOSTO 2018

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