Se cuentan apenas dos meses del comienzo de este nuevo año, y desde la Cooperativa Bancaria queremos saludar a nuestros socios y nuestras socias con la misma alegría de siempre, agradeciendo, una vez más, la confianza depositada en nuestra Cooperativa. Para el movimiento cooperativo, contar con el respaldo y la participación continua de nuestros socios y socias es imprescindible para llenar de sentido y compromiso nuestras actividades; y es que al movimiento lo que le interesa son los objetivos colectivos, el bien común, lo que compartimos.
Sin embargo, los procesos colectivos en la actualidad enfrentan grandes desafíos, especialmente cuando la palabra libertad se usa para justificar las peores injusticias. Con resignación o regocijo, se acepta que es la maximización del beneficio neto lo que importa, y se desprecian las desigualdades implicadas en el camino. Lo importante, dicen, son las libertades individuales; esas son las únicas que deben ser garantizadas por el Estado, agregan. El problema es que, con este desmedido énfasis en la vida aislada de cada persona, se fragmenta la sociedad de forma acelerada, y conflictos que antes eran resueltos de forma colectiva, por su magnitud y complejidad, se convierten en enormes barreras para el desarrollo vital de las mayorías, más aún si los recursos -como facilitadores- continúan concentrándose en unas pocas manos.
En este contexto, la necesidad de una transformación educativa ha sido objeto de debate desde hace ya bastante tiempo. Muchas son las discusiones que se abrieron para intentar el cambio en este sentido; muchas fueron las propuestas, otras tantas las críticas y sólo algunos los cambios efectivos. Pero es aquí donde la actividad y la experiencia del movimiento cooperativo tienen un valor esencial: el cooperativismo ha sabido ser, en su larga historia, un ferviente promotor de la colectivización de los problemas y la cooperación entre personas. En definitiva, creemos que el cooperativismo ofrece una perspectiva alternativa y contrapuesta a la hegemonía del individuo, aportando nuevas soluciones para encarar los desafíos que se nos presentan como sociedad.
En ese sentido, creemos importante recordar el valor democrático y colectivo que orienta al cooperativismo hacia la búsqueda de oportunidades y libertades colectivas. En tiempos donde el discurso hegemónico propende hacia la exaltación del individuo y al abandono de las soluciones colectivas, la propia libertad es asociada con la unicidad de las personas y no con la capacidad que tiene una sociedad, como grupo de personas, de elegir sus propias normas, sus propias actividades e intereses. Entonces, ¿cómo podemos rediscutir este fenómeno? ¿Cómo revertimos el mito de las libertades individuales?
De acuerdo con Frantz (2001)[1], existe un vínculo muy estrecho entre la cooperación y la educación, ya que ambas actividades humanas implican la interacción entre un grupo de personas que busca llegar a acuerdos para lograr ciertos objetivos comunes. Es decir, para el autor, cooperar produce educación en el instante en que dicha actividad logra que el grupo llegue a un entendimiento sobre la realidad que les rodea. A la vez, la educación, al concebirse como un acto colectivo en el que la sociedad se pone de acuerdo respecto al conocimiento que tiene sobre sí misma y lo que le rodea, involucra prácticas cooperativas, un diálogo de saberes que busca llegar a una conclusión común a las personas presentes, al menos preliminarmente.
Se pueden nombrar muchas experiencias de cooperación en entornos educativos y las hay de distinto grado de desarrollo: una cooperativa de producción creada por niños en una escuela en Santa Catalina que elabora alimentos, los vende y recauda fondos para financiar el paseo de fin de año; el desarrollo de una huerta comunitaria en una escuela rural de Soriano que busca promover la cooperación, la sustentabilidad y la autogestión; o una escuela en el barrio montevideano de Atahualpa, integrada por niños, maestras, padres y madres, que gestiona colectivamente el bienestar y cuidado de la comunidad escolar. También existen experiencias cooperativas en otros niveles educativos: en los Centros de Atención a la Infancia y a la Familia (CAIF); hay convenios entre CUDECOOP y UTU para ofrecer talleres de formación en cooperación y cooperativismo a estudiantes; están los convenios de pasantías en cooperativas que la CUDECOOP tiene con UdelaR; incluso hay convenios con el Servicio Central de Extensión y Actividades en el Medio (SCEAM), brindando apoyo para el reconocimiento, la sistematización y promoción de prácticas cooperativas en entornos educativos.
En definitiva, la cooperación y la educación son actividades que se potencian mutuamente. Y por esta razón es que creemos fundamental extender las prácticas cooperativas en entornos educativos. El movimiento cooperativo cuenta con vasta experiencia solucionando problemas comunes a muchas personas, y nuestros principios nos comprometen con la comunidad en la que desarrollamos nuestras actividades. En un año de recambio de autoridades, no podemos si no reafirmar que nuestro movimiento todo debe participar activamente en la construcción del proceso educativo en el país, promoviendo la colectivización de la educación para el desarrollo de sociedades más justas, democráticas e igualitarias.
Entre todos y todas continuemos desarrollando nuestro movimiento, porque el cooperativismo es, ante todo, un camino de construcción colectiva. La Cooperativa Bancaria les envía un gran saludo a todos y todas, deseando que este año nos encuentre avanzando en ese horizonte común.
COMISIÓN DE EDUCACIÓN, FOMENTO E INTEGRACIÓN COOPERATIVA DE LA COOPERATIVA BANCARIA
Febrero 2025
[1]Frantz, W. (2001). Educação e cooperação: práticas que se relacionam. Sociologias, 3(6), 242-264
DIC
2025
